¡Hola!
Esta entrada será similar a la anterior. Lamento no tener nada gracioso ni de contingencia que comentar, pero los estudios no me han dejado mucho tiempo para pensar algo de mayor relevancia.
Todos hemos jugado algún juego. Ya sea para pasar el rato, para celebrar, como un desafió, etc. Todos tenemos nuestras razones. Ahora, como persona gamer que soy, obviamente he jugado a muchos más, y más variados juegos, que personas que solo lo hacen en el celular mientras van en el metro. Pero el punto es el mismo: todos hemos jugado juegos. Juegos hay de todos los tipos, pero siempre hay alguno que tiene una historia genial o que es tan difícil, que cuando lo terminamos hay como un pequeño vacío de "noooo, lo terminé y estaba buenísimo!!". Eso me ha pasado múltiples veces, y en algunas he intentado dejar de jugarlo lo más posible para que dure suficiente tiempo. En otras ocasiones, he fracasado rotundamente al intentar hacer algo así.
Pero hay que entender que todo tiene un inicio y un final. Un juego, un partido de fútbol, un semestre universitario, un día, una vida... Todo. Todo lo que comienza necesariamente tiene que terminar en alguna ocasión, es el ciclo natural de las cosas. Sin embargo, hay situaciones, momentos, elementos, que son muy difíciles de dejar y que cuando terminan, el vació que se forma en nuestro interior es demasiado grande como para superarlo con facilidad. Eso también es algo inevitable. Y esos sucesos tienden a deprimirnos o a confundirnos por un buen periodo de tiempo.
Nunca me han gustado los cambios, soy una persona estructurada, quizás demasiado. Por eso los cambios tienden a desenfocarme o remecer mi orden interno, mi orden mental. Como todas las personas, no me gustan los finales de mis cosas favoritas. No me agrada que terminen las cosas que me gustan, y en cierta forma he estado decaído por eso en algunas situaciones. Sin embargo, los finales son parte de la vida. Crecer y madurar dependen de que las cosas terminen, de seguir adelante, de lograr superar los obstáculos y mirar hacia el frente con la cabeza en alto. Por eso las cosas deben terminar. En especial las cosas buenas deben terminar. Si no terminaran, se volverían monótonas y aburridas. Cada final nos enseña algo, cada final deja una huella en nosotros. Con cada final, crecemos como personas. Cuando algo termina, podemos caer en un agujero, pero siempre debemos levantarnos, sonreír y seguir adelante. Ese es el ciclo de la vida. Todo termina, pero cuando ocurre, algo nuevo inicia. Durante gran parte de este semestre me olvidé de eso, y he perdido parte de la esencia que me ha caracterizado durante tanto tiempo. Pero siempre es bueno un recordatorio, y ahora que lo he recordado, el futuro se ve mucho mejor, como siempre ha debido ser.
Como dijo el gran Keima Katsuragi: "Porque terminó eres capaz de seguir adelante. Algo que no termina es como un juego horrible. (...) Cada final nos vuelve más fuertes." Palabras que olvidé, pero que volví a recordar hace poco. Palabras que me muestran lo equivocado que he estado estos últimos meses. Palabras que, quizás, por fin me devuelvan lo que he estado perdiendo últimamente: mi verdadera forma de ser y de pensar. Gracias Keima-sama XD
"El tiempo todo lo mata"-Profe. Pero así como el tiempo se da lujo de matar, también da el contexto de nacer. Me alegra leer esto ignacio... No sabes cuanto.
ResponderEliminarDe las cenizas, debemos renacer. Aunque con menos fuerza que antes quizá, debemos renacer y reconstruir esa <> que ardió en llamas hace unos segundos atrás. La vida... además de ser un concepto filosófico, puede ser una hija de puta cuando quiere. Está en aquel que es atormentado por ella plasmarle en la cara que es capaz de patearla a ella.
ResponderEliminar